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El fin de una era  Las caras y los sonidos de un ícono porteño que hoy dejará de existir
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  • El fin de una era Las caras y los sonidos de un ícono porteño que hoy dejará de existir

  • El Mercado de Liniers cerrará sus puertas después de 122 años para mudarse a un predio nuevo en Cañuelas. Historias y emociones de quienes lo viven a diario.

    Hoy es un día histórico para la ciudad de Buenos Aires y particularmente para el barrio de Mataderos. Después de 122 años, el Mercado de Hacienda de Liniers cerrará sus puertas. A partir de la semana próxima las operaciones se mudarán a un nuevo predio en Cañuelas, a 60 kilómetros de la Capital, pero en los corrales y pasarelas de este predio icónico quedarán sonando los ecos de novillos, reseros y martilleros por mucho tiempo más, las campanas insistentes que anuncian el comienzo de un nuevo remate.

    “El mercado me dio todo. Yo cuando vine acá llegué con una mano atrás y otra adelante, y ahora tengo en qué andar y qué ponerme. Estoy orgulloso de trabajar acá”, cuenta entre lágrimas Angel Gonzalez, capataz de una consignataria desde hace 30 años.

    Es uno de los cientos de trabajadores de diversos orígenes y realidades socioeconómicas que conviven todas las mañanas en el mercado. Hoy hay 119 empleados propios de Mercado de Liniers SA, y las casas consignatarias tienen cada una su plantilla. En total calculan que unas 2.500 familias dependen de esta fuente de trabajo.

    Carlos Pujol, socio de una consignataria y heredero de la vocación de su padre, cuenta que anda por los corrales de Liniers desde sus seis años. En la década del 50 ya se lo veía andando a caballo entre las vacas, y en el 69 empezó efectivamente a trabajar. “Para mí este mercado es la síntesis de una vida y lo siento como una pérdida muy grande”, dice en diálogo con Clarín Rural.

    Cerca suyo está Juan Cifre, un joven consignatario que vende “a oído” la hacienda, es decir, por fuera de los remates, hablando directamente con compradores. También se lo ve a Luciano Louge, un productor ganadero de la zona de Olavarría que viajó a la Capital para ver cómo se vende un lote de vaquillonas que mandó.

    Y un poco más allá, Claudio “Chacha” Zicardi, otro que lleva largas décadas en este lugar. Es oriundo de Lugano, su abuelo tenía tropillas de caballos que se usaban para el movimiento de hacienda, su padre trabajó en el Mercado de Liniers y él desde los 12 que anda a caballo entre los corrales. Muchos hermanos suyos y familias amigas también trabajaron ahí y lo siguen haciendo. Sus hijos también. “Cuando empezó la pandemia hice un mal esfuerzo y me fisuré una vértebra, por eso me quitaron un poco el caballo”, dice.

    Zicardi explica cómo es el sistema. El mercado opera actualmente tres veces por semana. A la tarde empiezan a llegar los camiones con animales que se venderán al día siguiente. Los reseros esperan en las bajadas para llevar a la hacienda a las balanzas, clasificarla y acomodarla en los 2.200 corrales para ser vendida por alguna de las 46 firmas consignatarias que operan actualmente. En los años de esplendor el mercado llegó a trabajar hasta 6 días por semana y vender más de 200.000 cabezas semanales, pero en la actualidad el promedio semanal es de 30.000 animales.

    A la mañana, a medida que se van haciendo las ventas, los frigoríficos o matarifes anotan los lotes que compraron, el peso y categoría y les pasan la información a los gauchos para que preparen la salida de los animales. Uno de esos reseros es David Badolato, de 33 años, quien trabaja ahí desde los 13. “A esa edad dejé la escuela y empecé a venir a ayudar a mi viejo, que es cafetero, y acá descubrí otra cosa. Esto es una pasión. Tuve la suerte de que mi viejo me compró un caballo, acá conocí gente y ahora ya hace 18 años que me dedico a esto”, cuenta desde su zaino Tornado, “como el caballo del zorro”. A la tarde noche trabaja recibiendo hacienda para dos casas consignatarias, y a la mañana para un frigorífico. En las horas del medio se tira a dormir en habitaciones especialmente preparadas para los trabajadores. Y los días que no hay mercado, David va igual para darles de comer a sus dos pingos. “Para ir a Cañuelas estoy complicado, pero no me queda otra -dice-. Este es mi lugar, yo he estado aquí todos los días de la semana, he dormido, he tenido frío, hambre… También la he pasado bomba, me he llenado comiendo. ¡Cada momento de mi vida pasé! ¡una tristeza me da irme!”

    Por suerte David no se irá solo. Su padre Oscar sigue siendo el cafetero oficial de los ganaderos y carniceros. Lleva 47 años vendiendo bebidas calientes a los habitués del mercado, unos 35 litros diarios, cerca de 200 vasitos. Y lo seguirá haciendo en el nuevo predio. Este mismo fin de semana, sin perder tiempo, Badolato padre se mudará a Cañuelas, donde ya alquiló una casa y piensa comprarse algo en el futuro. “En Cañuelas se vende más café porque hay mucho chusma de la zona que va a conocer”, asegura, pero reconoce: “Vamos a pegar un lagrimón grande el viernes, toda una vida llevo acá”.

    En el nuevo predio se seguirán cruzando con Gianfranco Tello, un resero joven con buzo rosa y tatuajes en la cara como un cantante de trap pero con todas las mañas de cualquier paisano, y con Horacio Tello, su padre, quien lleva más de treinta años trabajando en el mercado y no piensa dejar de hacerlo. “Mi padre trabajaba acá. Se viene por generaciones, nadie cae en paracaídas. Si vos hablás con cien personas, creo que 95 no quieren cambiar de laburo en su vida. Es muy difícil que no te guste, es distinto al resto”, asegura.

    Así, con el tiempo y el paso de las nuevas generaciones, habrá que ver si en Cañuelas nace un emblema con sonidos y caras parecidas pero con su propia identidad.

    Fuente: https://www.clarin.com/rural/caras-sonidos-icono-porteno-hoy-dejara-existir_0_hc8SmRZqFc.html

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  • 2022-05-13

  • santamarina.com.ar