Volver
Eficiencia productiva  Ganadería del norte: aprendieron del pasado y pueden soñar con el futuro
  • Ganadería

  • Eficiencia productiva Ganadería del norte: aprendieron del pasado y pueden soñar con el futuro

  • La falta de lluvias generará un déficit forrajero en el NEA y el NOA, pero los productores ya saben cómo sobrevivir al invierno para seguir creciendo

    A esta altura, decir que la ganadería tiene todo para crecer en el NOA y NEA es un lugar común. El norte argentino ya lleva más de diez años multiplicando kilos de carne a fuerza de genética, sanidad y manejo forrajero. Las razas sintéticas están bien consolidadas, y el conocimiento sobre las pasturas naturales e implantadas se transformó en una herramienta clave para que la actividad gane rentabilidad y posibilidades, aumentando la carga por hectárea e incluyendo a la recría y hasta la terminación de novillos gordos en el abanico productivo.

    Pero este año, las circunstancias climáticas obligan a los productores de esa macro región a mostrar su muñeca si es que quieren seguir en esa senda. El déficit hídrico que prevalece desde el verano -y que promete quedarse hasta fin de año- impactó de lleno en la disponibilidad forrajera, y hubo que recalcular.

    "En el NOA, el déficit de lluvias durante el verano y el otoño tuvo un impacto claro según los datos que arroja el índice verde, y el gatton panic, recurso fundamental que habitualmente da un promedio de 8.000 kilos de materia seca por hectárea, este año está dando 6.500”, afirma en diálogo con Clarín Rural Sofía Padilla, coordinadora de ganadería de los grupos CREA del NOA, que en total manejan unas 200.000 cabezas principalmente en Salta, Tucumán y Santiago del Estero.

    Por su parte Diego Bendersky, técnico del INTA Mercedes, en Corrientes, resume la situación forrajera del NEA, donde la base forrajera predominante son las pasturas naturales, particularmente especies C4 con un importante crecimiento en primavera, verano y otoño y un alto potencial de producción -entre 4 y 6 toneladas de materia seca por año- pero de forma muy estacional. “Este año el verano fue normal, una buena producción de forraje, sin embargo mayo fue un mes muy seco y es el último mes en el que cabe esperar acumular algo de forraje para pasar el invierno, con lo cual puede afectar tanto por la cantidad como por la calidad”, detalla.

    Otro recurso interesante con el que cuentan en la zona, según Bendersky, son las pasturas megatérmicas que permiten realizar henos o silajes para transferir forrajes de calidad al invierno, y en algunas zonas como el sur de Corrientes o el norte de Santa Fe los verdeos de invierno, que también fueron afectados por la falta de lluvias en mayo, el período de implantación. “Para dimensionar el impacto de la falta de lluvias durante el otoño hay que decir que la producción promedio anual de las pasturas naturales es de entre 5 y 6 toneladas de materia seca por hectárea y de entre 9 y 10 para las megatérmicas. Este año esa producción cayó entre un 15 y un 20 por ciento, una diferencia fundamental para el diferimiento del forraje. Esto hace que haya que tomar recaudos ajustando la carga de vacas y previendo una mayor suplementación para las categorías encerradas”, explica el técnico del INTA.

    Eso es lo que hicieron los productores más avispados tanto en el NEA como en el NOA. “Destete precoz, descarte de vacas improductivas… herramientas correctivas para poder pasar la mala situación forrajera”, enumera Padilla.

    “Nuestra estrategia consiste en diferir el 70 por ciento del gatton panic y el otro 30 lo comemos en verano. Desde la sequía de la campaña 2012 aprendimos que si no llueve bien hasta el 30 de enero tenemos que tomar medidas para reducir la carga”, afirma el productor salteño Joaquín Elizalde antes de describir la particularidad de este año. “El verano y el otoño fueron muy complicados. Hay campos, sobre todo en el este de Salta, donde no llegamos a los 800 milímetros cuando la media es de 500 milímetros. Fue de los peores de los últimos 15 años”, dice.

    En línea con lo que describen Bendersky y Padilla, Elizalde es uno de los que vieron venir la seca y tomaron medidas por adelantado. “Este año, ya desde diciembre, cuando vi que había déficit empecé a descargar los campos sacando las recrías y a cortar los servicios entre 20 y 25 días. Normalmente hacemos servicios de hasta 90 días y esta vez nos quedamos con 70 o 75 días. Eso me permitió tener menos vacas de cola de parición y poder adelantar los tactos para decidir la descarga del campo. Además nos quedamos sólo con las vacas preñadas, todo el resto -lo improductivo- se fue del campo y estamos previendo que durante el invierno las vacas perderán estado corporal, por lo cual tendremos que hacer un destete precoz para que se vuelvan a preñar”, describe.

    En materia de medidas, Bendersky remarca por sobre todas las cosas el ordenamiento del rodeo, calificar a la hacienda por su categoría y su estado. “Eso permite organizar las categorías por requerimientos y hacer una mejor asignación de recursos para que la implementación de tecnología de forma global tenga impacto y buenos resultados”, dice. Y Elizalde agrega: “Lo más importante fue anticiparnos. Creo que hicimos las cosas bien, pero nada va a evitar que pasemos un invierno y primavera muy malos y que el año que viene tengamos menores ingresos”.

    Las medidas adoptadas, explica Padilla, no son gratuitas. Por ejemplo, el peso al destete promedio fue menor al habitual. “El promedio es de 170 kilos y hoy estamos en 150”, detalla la asesora, pero explica que eso permitió que, al día de hoy, los tactos vengan mostrando los promedios habituales de la zona, que son del 82-84 por ciento de preñez.

    Mientras tanto, de cara al invierno los productores pudieron hacer silos de gatton panic, silos de maíz picado y de sorgo, pero por supuesto rindieron menos. “Ya estamos suplementando las vacas con rollos de gatton o cascarilla de algodón, que tiene muy bajo costo en nuestra zona porque hay una desmotadora”, comenta Elizalde al respecto.

    Según Padilla, una evolución que tuvo la zona en los últimos años es ir hacia recrías más intensivas, con suplementaciones e incluso con encierres a corral desde mayo a diciembre para luego volver a largar a los animales al campo. Respecto a la terminación, comenta que se ha pasado de buscar exclusivamente un novillo liviano de hasta 380 kilos dirigido al consumo local a engordarlo hasta los 430 apuntando a la exportación. “Hoy ya no existe ese ternero bolita, estamos pensando en arriba de los 400 kilos para la exportación, o si no se puede para el mercado interno”, remarca la técnica, pero advierte que por la situación forrajera, la cantidad de animales que se recríen este año será menor, y que hoy la relación compra venta no es buena para el recriador-invernador. “El ternero ha subido y el gordo está muy estancado”.

    Pensando en el futuro, sin dudas uno de los desafíos más grandes de toda la región es achicar la brecha de eficiencia productiva entre los productores más relegados y los de punta. Para ilustrar vale rescatar el dato del Senasa que indica que en Salta, la tasa promedio de destete es del 46 por ciento mientras que los productores CREA rondan el 78. “Hay mucho de manejo, de incorporación de insumos, hay una brecha importante”, resume Padilla.

    Y a pesar de las maniobras a las que obliga la coyuntura económica y climática, Elizalde se muestra optimista respecto del horizonte ganadero. “Aunque veo una amenaza muy grande en venderle el 80 por ciento de nuestra carne a China, creo que seguimos teniendo una gran oportunidad, la Argentina sigue produciendo carne barata y el mundo la demanda. Vamos a seguir invirtiendo en cría para poblar nuestros campos y en recría para producir kilos baratos para la exportación y para el consumo interno”, concluye.

    Fuente: https://www.clarin.com/rural/aprendieron-pasado-pueden-sonar-futuro_0_lCmeF7msZ.html

  • 2020-06-28

  • santamarina.com.ar