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Medir y cuantificar para eficientizar la gestión de forrajes en el invierno
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  • Medir y cuantificar para eficientizar la gestión de forrajes en el invierno

  • Tres especialistas en nutrición expusieron las claves para buscar no sólo
    eficiencia productiva sino también económica.

    Se sabe, en Argentina, la ganadería está unos trancos atrás de la agricultura en adopción de tecnologías. Y eso, pensando en acortar la brecha productiva, en lo que no es pero podría ser, surge como un dato interesante. Quiere decir que quizás con poco se puede lograr mucho en un comienzo. Es como perder los primeros kilos en una dieta. Se van fácil cuando se acomodan un par de cosas en la alimentación.

    En esto está la ganadería argentina, que los últimos años recuperó stock alcanzando los 54 millones de cabezas, con exportaciones que pasaron de 180.000 toneladas a 830.000 los últimos 4 años. Nada mal para un primer envión. Pero el techo está lejos aún. Hay dos temas clave para mejorar: la tasa de destete (que tiene una media nacional menor al 65%) y el peso de faena que ronda los 225 kilos.

    En este sentido, esta semana empezó “Experiencia Ganadera”, un ciclo de Capacitación Online que tendrá 7 encuentros, durante 7 meses con más de 20 disertantes para abordar distintas temáticas vinculadas a entender cuál es el camino de la eficiencia y cuáles son las piedras en ese camino.

    El primer encuentro se trató la temática de “Pastoreo y suplementación para encarar el invierno”. El primer disertante fue Federico Sciarretta, del Area de Desarrollo de Gentos, que se refirió al manejo eficiente del pastoreo en gramíneas templadas.

    Sciarretta desandó el camino con cuatro claves: crecimiento del macollo, biomasa de entrada/salida, control temprano de floración y remanentes. “La unidad funcional es el macollo, las pasturas están conformadas por miles de macollos por unidad de superficie, por eso en la medida que más conozcamos su desarrollo mejor va a ser”, explicó.

    Un macollo tiene un determinado número de hojas, hay un máximo de hojas vivas que puede soportar un macollo que en raigras, festuca o agropiro es de tres hojas vivas por macollo. “Una primer pauta para establecer el pastoreo entonces es cuando está en 2,5 a 3 hojas vivas”, apuntó Sciarretta.

    ¿Cuándo decidir el primer pastoreo? “Lo importante en el primer ingreso es darle estructura a la planta, por eso se pueden usar animales de bajo requerimiento, para despuntar la pastura y favorecer el macollaje”, explicó. Y agregó: “Este ingreso se puede hacer en mayo para una pastura sembrada en marzo, pero hay que hacerlo con un piso firme, evitando daño animal y no tiene que haber plantas leguminosas como alfalfa”.

    Lo que se busca en este primer corte a diente es que llegue luz a la base de la planta, para que no elongue pero sí se arme una estructura densa, con muchos macollos vivos en una estructura densa desde abajo.

    Otra opción para evaluar el ingreso es la biomasa disponible. “Si es poca, por ejemplo menos de 1.900 kilos de materia seca (MS), los animales de alto requerimiento se van a quedar con un menor peso de bocado; si se ingresa con mucha oferta, por ejemplo, más de 4.100 kilos MS, tampoco es bueno, porque el animal selecciona, entonces lo ideal es un ingreso a la parcela con un promedio de 2.500 kgMS, para congeniar que la pastura tenga buenas condiciones y el animal tenga un buen bocado, permitiendo un buen rebrote”.

    En lo que respecta a los remanentes de verano, “la clave es dejar área foliar remanente de 800 a 1000 kgMS, en veranos extremos es clave mantener fresca la base de la planta de diciembre hasta mediados de febrero para la supervivencia de los macollos”.

    Julián Torres fundador de Kelpie, una empresa dedicada a la medición y gestión del recurso forrajero, advirtió que “Lo que se mide se puede mejorar”, expuso como concepto inicial. Y agregó: “Es muy importante saber cuánto produce un forraje y la materia seca disponible y muchos productores no lo cuantifican, lo que dificulta el establecimiento de una carga adecuada”.

    Parados en la punta de un potrero, los productores se hacen dos o tres preguntas clave: Cuánto pasto tiene, la disponibilidad, a qué ritmo crece, y cómo hace para optimizar el uso de esa tasa crecimiento, o sea, consumir todo el pasto que aparece sin comprometer la persistencia de la pastura ni tampoco condicionar el estado corporal del animal.


    “La solución es medir la disponibilidad a la entrada y a la salida y medir la tasa de crecimiento para saber a qué ritmo se puede ir consumiendo”, insistió Torres. Para medir disponibilidad hay muchos métodos.

    “Lo importante es que cada productor tiene un método que se ajusta a cómo él lleva la producción adelante, algunos lo hacen a ojo, otros con cortes, están las jaulas que permiten medir las tasas de crecimiento, el pasturómetro de plato y otros de mayor precisión como es el pasturómetro de arrastre que usamos nosotros que es un sensor que hace 200 mediciones por segundo”, relató Torres. También mencionó las imágenes satelitales o de drones pero que aún están en desarrollo. “Son el futuro”, anticipó.

    Torres mostró que la brecha entre una pastura bien y una mal manejada llega a ser del 50% de producción de pasto. “Entonces, si tenemos un costo hundido de 250 dólares para sembrar y mantener esa pastura y le sacamos el doble de productividad la amortización de ese costo va a ser mucho más rápida”, esgrimió y apuntó no sólo a medir, sino también la gestión de los datos, “interpretar la información”. Y se preguntó: “¿Qué costo oculto le ponemos al pasto perdido?”

    Como mensaje final, Torres marcó que “si viéramos cada macollo o cada planta como vemos cada grano de soja que entra o queda debajo de la cosechadora veríamos la importancia que tiene medir, gran parte del margen se genera a través de la correcta utilización del forraje”.

    También vinculado a la eficiencia, pero de conversión en la suplementación estratégica, se refirió Daniel Méndez, del INTA Villegas. “La planificación con objetivos claros es fundamental”, disparó como mojón inicial.

    Repasó criterios a tener en cuenta para que la suplementación sea efectiva en lo productivo y económico. “La mayoría de los terneros llega al destete proveniente de campos con recursos de baja calidad, luego se recrían también a campo con algo de mejores recursos y luego la terminación sí con mejores recursos, una parte de los terneros se puede recriar también a corral, algo en crecimiento”, repasó.

    “Si analizamos el ciclo completo, tomando el país como unidad de medida vemos que de todas las etapas, el consumo de materia seca que se requiere es de algo menos de 10.000 kilos, donde cría y recría se llevan al 90% y las etapas de corral son las menor cantidad consumen”, relató Méndez. Y agregó: “Si vemos los kilos producidos en la primera fase son 280 kilos de carne y en el corral son unos 100, lo que da unos 32 kilos de eficiencia de conversión en la primera etapa y 8,5 en terminación”.

    “Como estamos viendo la eficiencia de conversión son mejorables”, apuntó el referente del INTA Villegas. “Antiguamente se veía que en planteos 100% en base forrajera llevaba dos años llegar a un novillo de 500 kilos, pero hoy sabemos que se puede tener recurso todo el año para reducir los baches, incluso con encierres estratégicos que mejoren la curva”, expuso.

    “Cuando llega a un establecimiento uno ve el tipo de animales, si son macho o hembra, la raza, el peso, la edad, después vemos la infraestructura, si hay o no comederos, y después vemos cómo es la mecánica de implementación, pero lo que no le prestamos tanta atención siempre es a lo que hay en el lote, es importante conocer la base forrajera pero es importante conocer la cantidad y la calidad”, expuso Méndez.

    En este sentido, marcó que un forraje de buena calidad tiene más de 20% de materia seca, proteína bruta de 14-18%, digestibilidad más del 65%, y menos del 55% de FDN (fibra detergente bruto). Esos atributos no son propios de cada forraje sino que están asociados al sistema de utilización.

    Como mensaje final, Méndez apuntó que “resulta fundamental la caracterización de la calidad de las reservas para hacer las sustituciones más previsibles”.

    Fuente: https://www.clarin.com/rural/medir-cuantificar-eficientizar-gestion-forrajes-invierno_0_bwv_Qi63x.html

  • 2020-06-28

  • santamarina.com.ar