“La pandemia generó el detonante de un cambio cultural que aún no terminó”

30-03-2021

“La pandemia generó el detonante de un cambio cultural que aún no terminó”

A un año de la llegada del Covid-19 al país, José M. Lizzi, Líder de Ganadería de CREA, analiza los impactos positivos y negativos de la pandemia sobre el sector agroganadero argentino. Además, expone el panorama actual de las exportaciones, las perspectivas para el negocio del feedlot y la hacienda de invernada; y el rol de CREA como referente sectorial.

Cumplido un año de pandemia en el país, ¿qué balance puede hacer sobre sus efectos en la industria ganadera argentina?  La pandemia tuvo varios efectos en el sector ganadero. Si bien se trató de una crisis global, algo completamente fuera del radar y de alto impacto, pasaron aquí cosas llamativas. Por ejemplo, que pese a la pandemia y a todas las complicaciones de logística, hasta noviembre de 2020 tuvimos las faenas mensuales más altas desde la liquidación de 2009. Esto significa que la cadena funcionó pese a todo. Se pudo trabajar y los frigoríficos adoptaron rápidamente protocolos sanitarios que les permitieron seguir operando casi normalmente. Tanto el mercado interno como el externo estuvieron bien provistos de carne.  El segundo punto importante es que realmente expuso fragilidades del sistema comercial internacional y de las relaciones comerciales de Argentina con el resto del mundo. Por ejemplo con China, veníamos de un contexto de suba de precios el año anterior, con precios récord de los cortes que se exportaban allí. Pero en diciembre 2019 el mercado empezó a frenarse, y luego los precios se desplomaron. Las exportaciones empezaron a caer y aparecieron problemas comerciales, como cambios en los requisitos de los embarques y en los precios. Por el lado de Europa, el aprendizaje fue que al mermar la actividad de los rubros hotelería y gastronomía, la demanda resultó fluctuante, y así también los precios. Esto prende alertas hacia el futuro y expone nuestra fragilidad al no tener acuerdos bilaterales como tienen otros países exportadores de carne.  El tercer punto destacable fue el manejo interno de la crisis sanitaria. Mientras que en otros países bajó el consumo de carne, acá se sostuvo o se incrementó. En el gasto de los argentinos primó todo lo relacionado con la alimentación. Por otro lado, la emisión monetaria impactó directamente en la ganadería de carne, principalmente en las categorías de cría, animales jóvenes, vaquillonas, cuyos precios venían bastante deprimidos. De repente empezaron a generar un interés mucho mayor, porque la gente quería cubrirse ante una inminente devaluación. Esto generó un desajuste entre los eslabones de la cadena.  A su vez la pandemia generó el detonante de un cambio cultural que aún no terminó. La gente se tuvo que acomodar a una nueva normalidad, muchos tuvieron que trabajar desde las casas y descubrieron el Zoom. Todo esto baja barreras, fronteras y brinda acceso a información. También se dieron cambios culturales en dimensiones como educación, relaciones humanas, funcionamiento social y e- commerce. Hoy, por ejemplo, hay carnicerías que venden por Internet. Se empezó a reformular el comportamiento del consumidor y con esto también el del proveedor. En 2020 tuvimos récord de exportaciones de carne vacuna traccionado por la demanda China, pero en enero 2021 esta demanda bajó y los precios no son los esperados ¿Qué riesgos se corren con una “China dependencia”? Hay un componente estacional en la demanda china, ya que compra mucho previo a las celebraciones del año nuevo chino, que se da en el último bimestre/trimestre del año. Hoy nuestro comprador internacional más importante en volumen de toneladas y en facturación es China. El riesgo es alto, al tener 75% de lo exportado en volumen (toneladas peso producto) destinado a un sólo mercado, en este caso China, aunque sean cortes de más bajo valor, se genera una dependencia del cliente y también le transfiere a este más poder de negociación. ¿Y cómo podría mitigarse estos efectos? Para evitar esto se requieren políticas de comercio exterior estratégicas. Argentina perdió varios mercados por el cierre de las exportaciones. Luego recuperamos algunos y abrimos otros, pero sin adoptar una visión estratégica a largo plazo. Lo que nos gustaría a todos los actores de la cadena de valor de la carne es que haya más desarrollo de nuevos mercados, más acuerdos bilaterales, y políticas de reducción de aranceles. ¿Qué perspectivas conlleva la apertura del mercado mejicano? Siempre abrir mercados es algo positivo porque si se diversifica la demanda, se diversifica el riesgo, porque cada mercado está sujeto a comportamientos diferentes. Además, todo esto tiene un efecto contagio, a medida que se abren más mercados es más fácil que se sigan abriendo otros, comienza a generarse una dinámica distinta. Igual sabemos que desde los anuncios hasta que se concretan los acuerdos pasa un tiempo. 2020 fue un año complicado para el negocio del feedlot ¿cree que hay posibilidades de revertir o mejorar la situación en el corto-mediano plazo? ¿Cómo? En realidad, el año pasado el negocio del feedlot fue malo para el que salió del negocio a destiempo. Tuvimos un incremento muy fuerte del ternero que casi no paró de subir en todo el año, y recién el novillo reaccionó en el último trimestre. Para los que compraron ternero caro y salieron antes de la suba del novillo el negocio fue malo. Para los que salieron después de la suba no fue malo, fue bastante bueno, pese al aumento del precio del maíz. Si tomamos un plazo desde hoy al próximo otoño 2022, no parece fácil de revertir. El ternero está actuando como resguardo de valor, su precio sigue subiendo y ya está desacoplado del negocio. Por otro lado, el precio de futuro del maíz sigue sostenido por arriba de los 170 dólares hasta mayo 2022. Por el lado de la demanda no parecería haber nada que indique mejoras en el poder adquisitivo del consumo interno en el corto plazo. ¿Qué alternativas se abren entonces? El feedlot no va a desaparecer, pero es probable que haya que repensar el modelo de negocio. Hoy, una de las estrategias es apostar a que haya una nueva suba del gordo, por el faltante que hay en este momento sobre todo de gordo liviano. Eso permitiría mejorar los márgenes de un engorde a corral desde el destete hasta terminación. Otra opción es recriar a pasto, de manera más económica. En este caso el proceso de engorde se hace más largo y demora más en llegar al mercado, reduciendo la oferta instantánea lo que sin duda presiona sobre los precios. Esto es lo que estamos viviendo desde el último trimestre del año pasado y por eso los precios reaccionaron en el mercado del gordo también. ¿Qué podemos decir con respecto al mercado de hacienda de invernada? El precio de la invernada está desacoplado del negocio y su comportamiento hoy responde más a una perspectiva financiera que al negocio per se. Muchos compran terneros porque quieren dejar su dinero invertido en activos físicos, tratando que no pierda valor contra la inflación. Con un gordo a $175, no es lógico que alguien compre terneros a $270 o $300 como pasó estos días en varias regiones del país. A su vez, en 2017 dejamos de crecer en vacas y a partir del año pasado empezó a disminuir el stock de vientres con una caída interanual de 788 mil cabezas entre vacas y vaquillonas de 2020 respecto al 2019. Por otro lado, los índices reproductivos no se han modificado hasta el momento, con lo cual empieza a caer despacito la oferta del total de terneros destetados del país. Se espera una caída sea del orden de 500/600 mil terneros menos que el año pasado, lo cual sobre un destete de 14,8 millones de terneros es muy importante. ¿Cómo está parada la Argentina frente a los requisitos de los consumidores globales cada vez más exigentes en términos ambientales y sociales? Si bien Argentina viene trabajando en estos requisitos, el cortoplacismo recurrente de ver cómo salvar el año, no nos permite enforcarnos como quisiéramos en las cuestiones más estratégicas. Pero hay varias iniciativas que trabajan las cuestiones ambientales, para determinar por ejemplo la huella de carbono, y las emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Está trabajando muy bien la Mesa Argentina de Carnes Sustentables, y también en cuanto a las buenas prácticas ganaderas, se trabaja dentro de la red de buenas prácticas agropecuarias. Son todas iniciativas plurales, multiinstitucionales representadas por distintos ámbitos de la sociedad. La base de construcción es amplia: están la ciencia, las ONG, los bancos, los supermercados, consumidores, etc. A partir de esa construcción colectiva se empieza a pensar cómo ir atendiendo estas demandas. El consumidor global todavía no está tan preocupado por este tipo de cosas. Aún en países de alto poder adquisitivo, el primer atributo que todavía define la compra de un producto, además de la preferencia por alguna cuestión de calidad, sigue siendo el precio. Pero a similitud de precio, si yo sé que el producto es ambientalmente amigable, socialmente responsable o tiene algún atributo diferencial, la gente lo prefiere porque ya sabe de qué se trata. El consumo responsable está en pleno desarrollo. Hoy no es determinante pero si lo será en el corto plazo. ¿Cómo contribuye CREA al desarrollo del sector ganadero argentino? ¿Cuáles son los proyectos más destacados para 2021? La principal contribución de CREA para el sector ganadero argentino es ser un referente sectorial. Lo que nos marca cómo ser referentes es producir o trabajar integrados a la comunidad, ser innovadores y sostenibles. Sostenibilidad con una fuerte mirada ambiental pero también desde las otras dimensiones como la económica y la social. El productor CREA tiene un perfil específico. En general son ganaderos empresarios con buena formación profesional, muchos de ellos grandes, con escala para tomar decisiones diferentes. Más de la mitad de los miembros actuales de CREA tienen un perfil de desarrollador o adoptador temprano de tecnología, tienen espíritu innovador y asumen los riesgos de hacerlo. Todas esas cuestiones hacen que el miembro CREA hoy se posicione en un lugar de ser referente. Otras contribuciones implican el aporte de información o soporte en los espacios institucionales, como el IPCVA, la Mesa Argentina de Carnes y la red de buenas prácticas agropecuarias, entre otros. Con su vasta red de productores, CREA constituye una gran red de información de terreno para saber qué está pasando en el campo argentino. Son 1800 productores, desde el NOA a La Patagonia, que aportan y comparten información. Esto nos brinda una visión muy amplia del sector y conlleva un relevamiento permanente de datos único. En cuanto a los proyectos más destacados, ganadería tiene tres líneas de trabajo y distintos objetivos referidos a eso. Respecto a lo que es técnico nosotros estamos mirando permanentemente información de lo que es análisis sectorial: Outlook ganadero, indicadores sectoriales, que son abiertos a público en general y el resto son espacios internos de CREA. También desarrollamos tres líneas de trabajo: a) una relacionada con ganadería y ambiente b) otra tiene que ver con todo lo que es tecnología digital y c) la tercera tiene que ver con lo que llamamos “bioeconomización”, o con procesos que agreguen valor en origen. ¿Qué consecuencias puede tener el déficit hídrico presente hoy en muchas regiones ganaderas del país? Venimos de un año que fue heterogéneo en lluvias y, prácticamente desde de marzo 2020, se hablaba de que vendría “La Niña” y traería déficit hídrico. Todo eso fue preparando algunas decisiones. Luego se atenuó el efecto en muchos lugares por doble vía, en parte por esta preparación y en parte porque no fue tan severa la sequía en gran parte del país. En algunas zonas fue más dura, con lluvias más escasas pero los efectos fueron más locales y no tuvo un gran impacto a nivel de todo el sistema. En los lugares donde faltó agua habrá algún punto menos de preñez, habrá terneros más livianos y probablemente una entrada al invierno un poco más complicada que puede condicionar la retención de hacienda en esos campos. Pero eso hoy no tiene la suficiente severidad ni extensión como para que tenga un impacto a nivel de sistema de todo el país. ¿Cómo vislumbra que estará el stock de vientres en 2021? ¿Habrá una reducción? Nuestra previsión del último Outlook de diciembre 2020 era que iba a haber una reducción no muy importante, pero si una reducción de vientres. Lo importante para nosotros es ver que se empiece a consolidar una tendencia. La tendencia hasta 2107 fue claramente de retención, venía creciendo el stock de vientres y recuperándose luego de la liquidación brutal del 2009. En ese momento deja de crecer y comienza una tendencia a liquidación producto del estancamiento del precio tanto de la vaca como del ternero durante el 2018. Durante 2019 se da un fenómeno extraordinario que fue el incremento del precio de la vaca gorda, por momentos muy cerca del valor del novillo. Todo esto impulsado por la demanda de China, que fue lo que frenó esa incipiente liquidación. Entonces, producto de los buenos precios de la vaca de refugo, el que tenía que vender esa vendió menos, gracias a la demanda china. En realidad, China no promovió una liquidación de vacas, sino que promovió una retención porque hubo que vender menos vacas para pagar las cuentas en un contexto de bajos precios del ternero. Así llegamos al 2020, donde se recomponen el precio de la vaquillona preñada, el precio de la hembra joven de reposición y el precio de la invernada y se da vuelta el sistema. Ahí cambia la expectativa del criador y eso empieza a sostener una salida del negocio. De alguna manera, cambió la expectativa del negocio de la cría pero no lo suficiente como para que se dé la retención.

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