“La demanda insatisfecha estructural de carne es permanente”

02-09-2020

“La demanda insatisfecha estructural de carne es permanente”

En los últimos diez años, la producción de carne bovina en la Argentina aumentó un 24%, las exportaciones de carne vacuna se multiplicaron por cuatro y el consumo aumentó un 9%. En este escenario, Fernando Canosa, Director de Conocimiento Ganadero, consultor y productor agropecuario; analiza el presente del sector agropecuario argentino y desarrolla los principales desafíos a enfrentar para seguir creciendo.

¿Cómo está hoy el sector ganadero argentino? Nuestro sector ganadero está trabajando activamente, los animales siguen produciendo, comiendo y rumiando. Siguen gestando y dando terneros, y los que tiene que recriar siguen haciéndolo. Lo que preocupa son los cierres de provincia, con permisos que muchas veces no sirven. Estos están dificultando seriamente la producción al impedir el traslado de insumos, productos, contratistas, profesionales, empresarios, etc. De no resolverse rápidamente la situación, se pone en juego la producción futura. ¿Cómo afectó la pandemia al consumo de carne? Si bien internamente hubo algunos cambios, el consumo en sí no se ha resentido tanto. Obviamente lo que cayó fue todo el consumo relacionado con restaurantes y hoteles. El consumo familiar se mantiene, con menor demanda de todo de lo que tiene que ver con los cortes parrilleros (asado, vacío, matambre y achuras) y con un aumento en algunos cortes que son más de consumo familiar. De todos modos, esto va variando cada semana a medida que se permiten nuevas actividades sociales y comerciales. ¿Y a las exportaciones? En cuanto a las exportaciones, veníamos con una China muy entusiasmada de fines del año pasado y, en marzo, cuando llegó el Coronavirus a la Argentina, surgieron algunos problemas sanitarios. Afortunadamente estas cuestiones ya se acomodaron y el mercado se ha ido recuperando. Lo mismo ocurrió con las exportaciones a la Unión Europea, que habían caído mucho, pero de a poco se fueron restableciendo. De todos modos, estamos en un mercado muy volátil, dependiente de la pandemia en cada país, región. Ahora si dejamos de lado la pandemia y analizamos el negocio de las carnes a nivel mundial, vemos que la demanda insatisfecha estructural de carne continúa y va a continuar de cara al futuro. Lo que ocurre son cierres momentáneos y circunstanciales en función de cómo ha ido avanzando la pandemia en cada país. Lo que vemos en este momento, comparado con los anteriores es que las exportaciones son más altas, cada mes va superando al anterior. Desde ese punto de vista no podemos decir que haya graves problemas. Lo que se complica un poco más es la parte logística y las cuestiones sanitarias tienen mayores costos que antes, desde el punto de vista de las certificaciones sanitarias. La industria frigorífica es una industria esencial, pero también es una industria de mano de obra intensiva. Desde ese lugar, ha sido muy importante lo que hicieron los gremios de la carne junto con los industriales y el gobierno. Se generaron protocolos que permitieron que el nivel de contagios de la industria frigorífica no cobre la importancia que tuvo en otros países y se pueda seguir trabajando bien. Se está trabajando con todos los protocolos necesarios, tanto a nivel productivo, como a nivel industrial, como en el ámbito de la comercialización. Todos estamos poniendo nuestra cuota de esfuerzo para que no deje de llegar el alimento a la mesa de los argentinos. ¿Qué pasó con la Cuota Hilton? El 30 de junio era el fin del ejercicio de la Hilton y quedó poco por cumplirse. No se pudo cumplir el cupo completo de la cuota por un problema de cierre de los mercados en el marco de la pandemia. Pero ya se está trabajando normalmente y exportando cuota Hilton sin ningún tipo de inconvenientes, solo sujeto a los vaivenes de la pandemia. ¿Por qué y cuánto creció el comercio mundial de carnes en los últimos años? En los últimos 20 años, la producción de carnes aumentó un 21% a nivel mundial y las exportaciones crecieron un 77%. Este crecimiento puede explicarse, en parte, por el fuerte aumento de la demanda china, mercado que pasó de no importar carne a importar 8 millones de toneladas en los últimos 8 años (entre 2012 y 2020). Es decir que el comercio mundial sufrió un quiebre a partir de 2012, cuando China “sale de lleno a la cancha”. A partir de entonces, la demanda china creció ininterrumpidamente, mientras que el resto del mundo siguió firme en el consumo de carne vacuna. Pero al entrar un nuevo jugador, con una nueva cantidad de bocas, donde 40 millones de chinos pasaron a ser clase, por año, y por ende a cambiar sus hábitos de consumo, se generó un aumento del consumo permanente. El equivalente a “una argentina entera” por año pasa a comer carnes, leches aceites y demás en forma importante. Si bien se habla mucho de la peste porcina, ya haca 10 años que China determinó que no tenía los recursos naturales para producir carne vacuna, con lo cual iba a importarla. Esto resulta fundamental porque más allá de la fiebre porcina, China tiene una demanda estructural de carne vacuna, firme y positiva hacia el futuro. A esto se le sumó a partir de 2018 la peste porcina. Con lo cual, si China tenía 400 millones de cerdos y se murió alrededor de la mitad, entonces la carne porcina que le falta la irá abasteciendo con la carne que pueda, ya sea porcina, aviar o vacuna. Esto agigantó la demanda que ya tenía el gigante asiático. Pero el resto de los países que también consumen carne vacuna argentina, como la Unión Europea, Israel, Chile, Brasil y Estados Unidos siguen comprando como lo venían haciendo, China es una demanda agregada a lo que ya teníamos. ¿Qué posibilidades tiene la Argentina de convertirse en un gran proveedor de esta demanda sostenida? En el único lugar del mundo adonde hay posibilidades de crecimiento en la producción de carne vacuna es en el hemisferio sur, con los países del Mercosur: fundamentalmente Brasil y Argentina y, en menor medida, Paraguay y Uruguay. El resto de los países del mundo que son productores de carne están ya maduros y no pueden crecer. Entonces, este aumento permanente de la demanda de carne vacuna solo puede ser atendido desde el Mercosur. La carne de calidad vendrá de Argentina y la carne en cantidad, de Brasil. La Argentina nunca va a competir por volumen, ya que no tiene los volúmenes de Brasil para poder competir en cantidad de carne. Nosotros vamos a ocupar el lugar de las carnes premium, vamos a competir en las carnes de calidad. Este es el mercado al que tenemos que apuntar. Si circunstancialmente el año pasado entramos a vender en China brazuelo por ejemplo, es porque originalmente había un solo protocolo abierto con este mercado, que eran las carnes congeladas sin hueso. Ahora que ya tenemos el protocolo de carne enfriada y congelada, con hueso y sin hueso, estamos en condiciones de vender las carnes de mayor calidad y, seguramente, esto seguirá creciendo a futuro. Ya algunos grupos de productores empezaron el año pasado a vender carne de calidad a China a 18 mil dólares la tonelada. Sabemos que por el rodeo que tenemos podemos competir con carne premium. Como exportadores no llegaremos en los primeros tres lugares; ocupados por Brasil, Australia y Estados Unidos. En 2014 estábamos en el lugar número 12, después de Bielorrusia, hoy estamos en el sexto lugar, y seguiremos. ¿Cuáles son los principales problemas que afronta el país a la hora de aumentar la producción? Argentina tiene muchas posibilidades de crecer, pero tenemos dos cuestiones fundamentales por mejorar: el nivel de destete y la falta de pasto. Por un lado, estamos produciendo 62 terneros cada 100 vacas cuando países competidores, con la cría a cielo abierto como es Australia, están en 78%. Estados Unidos está arriba de 87% de niveles de destete. Esto significa que nosotros no tenemos ningún impedimento para llegar a los valores, sino que tenemos que hacer una serie de correcciones para poder alcanzarlos. El otro tema, que no es menor, es que nosotros estamos vendiendo animales de menor peso de faena que otros países. Australia o Uruguay, que tienen sistemas de producción parecidos a los nuestros, están en 250 kg la media res mientras que nosotros estamos en un promedio de 225/7 kg o sea que tenemos también ahí un factor importante para creer. Si Argentina crece en mayor cantidad de terneros, y en vez de vender la media res a 225 la vende a 250 puede llegar a producir en una primera etapa 5 millones de toneladas -hoy estamos en 3.100.000 - y, en una segunda etapa, podemos llegar a los 7/8 millones de toneladas. Por otro lado, la Argentina tiene un importante problema de falta de pasto. El pasto disponible por año apenas alcanza para poder tener ese 63% de destete, pero no es suficiente como para subir el nivel. Entonces el primer problema por resolver es obtener mayor cantidad de pasto. Esto llevará a mayor consumo de maíz ya que hoy nuestro país tiene un sistema de producción que utiliza pasto más grano integrado. Para poder utilizar esta gran cantidad de granos que producimos necesitamos tener más pasto, para que nuestros rodeos de cría y recría tengan el alimento necesario para poder lograrlo. Las posibilidades de crecimiento están dadas, cuando se ve cuál es el diferencial de pasto que tienen los planteos medios de producción, nos encontramos con que hay un 50% más de producción de pasto. Finalmente, además del tema del pasto, hay que resolver problemas sanitarios, del manejo de rodeo cría, de revisación de toros y de prevención de enfermedades. ¿Cómo estamos con el peso de la faena? Allá por el año 2007/2010 se promovieron muchos engordes a corral subsidiados (animales de 300 kilos), para promover la producción de carne y que no aumentaran los precios. Esto llevó a cierto cambio en el consumo de las grandes ciudades, que empezaron a privilegiar al animal más chico. Esto fue cambiando en los últimos tiempos y de a poco empezaron a aumentar el peso. Este será el año de quiebre porque en función del aumento del precio del ternero lo que está pasando es que el invernador, para diluir ese aumento de precio, tiene que darle más kilos, con lo cual irá de nuevo acomodándose a un consumo de un animal un poco menos liviano. Muchos grupos sostienen que los rumiantes son los mayores culpables de la generación de gases de efecto invernadero. ¿Qué piensa al respecto? Sabemos que todos los rumiantes generan gas metano por el tipo de digestión que hacen. Y por suerte que lo hacen, ya que son los únicos que tienen la capacidad de digerir la celulosa. Los mayores contaminantes del mundo son todo lo que proviene de energías fósiles (petróleo, electricidad, etc.) pero a muchos les resulta más fácil echarle la culpa de la contaminación a las vacas que cambiar los hábitos de consumo. Además, cuando uno hoy ve las imágenes de los satélites de las grandes ciudades que estuvieron frenadas industrialmente a raíz de la pandemia se ve que la contaminación bajó muchísimo durante el período de parate. Otro tema con respecto a los rumiantes es que pocos hablan de lo que captan de carbono, los pastizales/pasturas donde se encuentran, porque todo esto se genera en el hemisferio norte, donde tienen pocas posibilidades de captación de carbono porque está super poblado. Pero, concretamente, en lo que respecta al Mercosur y a la Argentina en particular, estamos en condiciones de demostrar que la cantidad de carbono que secuestramos -a través de todas las pasturas, los bosques, las selvas y de todos los animales que están pastando en el ambiente- no solamente es mayor que lo que emiten los rumiantes, sino que secuestramos más carbono que todos los gases de efecto invernadero que se emiten en conjunto en la Argentina. O sea que la Argentina y el Mercosur están en condiciones de demostrarle al mundo que somos carbono positivos, porque es más lo que secuestramos que lo que emitimos. Usted trabajó como coordinador de la Mesa de las Carnes y como y coordinador nacional de ganadería de AACREA durante 13 años. ¿Cómo acompañan estos equipos el crecimiento del sector? Tuve la suerte de trabajar más de 30 años en AACREA. Empecé como asesor, llegué a coordinador regional y luego fui coordinador de ganadería durante 15 años. Transité mucho el tema ganadero y realmente me genera gran admiración todo lo que aportó y aporta el movimiento CREA para poder ayudar al crecimiento tecnológico y de la producción de carnes. En cuanto a la mesa de las carnes, tuve el honor de integrar el equipo fundador (2015) y realmente fue una gran iniciativa del sector de la producción y la industria frigorífica. Hoy estamos sentados en una misma mesa los productores, industriales, consignatarios, gente de las asociaciones de criadores y los gremios (de la carne y empleados rurales). Tenemos una agenda común y se trabaja fundamentalmente sobre los consensos. Esto ha sido fundamental y es crucial de aquí para adelante, porque hubo un trabajo público-privado muy interesante durante el gobierno de Cambiemos y este trabajo sigue. La mesa pasó su etapa fundacional, renovó sus coordinadores y todas las instituciones siguen trabajando codo a codo, haciendo propuestas en función de una agenda común, como para que siga mejorando el negocio de las carnes para la Argentina toda. ¿Cuáles fueron los principales logros? Uno de los principales logros fue la apertura de mercados. Se hizo mucho hincapié en promoverla y hubo muchos avances en los últimos años. Dos de los ejemplos más relevantes son, el tema de Estados Unidos y también China, con todo lo del protocolo de carne enfriada congelada, con hueso y sin hueso. Además, lo que tiene que ver también con el convenio Mercosur-Unión Europea, que también es muy importante para la industria de la carne. También se avanzó con la informalidad, ya que el negocio de las carnes está en una situación bastante complicada respecto al tema. Se avanzó mucho y resta mucho por lograr, pero se sigue trabajando. También se avanzó en toda la parte de protocolos sanitarios con Senasa y hubo cambios importantes en relación con el tema de la trazabilidad. Otro logro fue una evolución en con transparentar información. Se promovió el DT electrónico y se logró. En un momento se lograron sacar las retenciones, pero en 2019 volvieron para todos. Esperemos que en un futuro cercano desaparezcan para un producto que tiene tanto valor agregado como la carne. Algunos mercados son cada vez más exigentes en cuanto a requisitos ambientales y de bienestar animal. (Por ej. Acuerdo Europeo Verde de la UE) ¿Cómo está parada la ganadería argentina en este escenario? La producción ganadera de esos países que demandan bienestar animal y buenas prácticas provienen del hemisferio norte, donde los animales están en situación totalmente diferente a la nuestra. Estados Unidos, por ejemplo, puede tener muchos meses de nieve. Nosotros no necesitamos hacer nada en especial porque los animales están a cielo abierto los 365 días del año y tenemos toda una serie de tecnologías amigables con el medio ambiente, como la siembra directa con animales a pasto y un muy bajo uso de fitosanitarios. Lo que nos estaría faltando a nosotros es no sólo decir que somos buenos sino demostrarlo, dejarlo por escrito, protocolizarlo. Creo que con todas las cuestiones nuevas de la pandemia esto se va a acelerar y en breve podremos demostrar lo que somos. ¿Cree que es el momento de abrir nuevos mercados o fidelizar algunos ya preexistentes a los que exportamos en menor medida? ¿Cuáles serían? Como norma tenemos que abrir todos los mercados que se pueda. Es preferible que haya muchos mercados abiertos y nos estén demandando carne, a elegir a qué mercados sí y a cuáles no queremos exportar. Después venderemos a los que nos pagan más y valoren más nuestras carnes. Cuántos más mercados se abran mejor y lo que tenemos que buscar es vender carne de calidad. A la argentina no le tendría que interesar vender carne para hamburguesa o para industria, sino los cortes premium. Tiene que ser un producto caro, que se exhiba en las mejores góndolas del mundo y sea consumido por todos aquellos que estén dispuestos pagar por un producto premium.

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