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"Trabajo el campo junto a mi hermano mayor. Somos la tercera generación de productores"

En los salitrosos suelos aledaños al paraje Cerro de la Gloria, la veterinaria Teresita Ezquiaga administra 650 hectáreas familiares. Una historia ganadera desde la cuenca del Salado

Ezquiaga silba una melodía de lejana reminiscencia vasca, mientras el sol poniente dora los empolvados vidrios de la cabina. Enganchada al tractor, la sembradora Agrometal de cinco líneas implanta las semillas en el terreno salitroso del potrero, ubicado a unos cinco kilómetros de Cerro de la Gloria, un paraje en el Partido de Castelli, integrado por unas pocas decenas de casas.

Cuarenta año más tarde, parada en el mismo potrero, la nieta de Ezquiaga contempla el Agropiro y el Lotus que todavía subsisten. “-Tengo 37 años cumplidos hace un mes. Me crié en este campo que compró mi abuelo en 1936”, comienza narrando Teresita y prosigue: “-Como vivíamos lejos del pueblo, cursé el secundario en La Plata. Después me quedé para estudiar Veterinaria y me recibí en 2008. Más adelante hice una pasantía en un feedlot, trabajé como ayudante de parasitología en un laboratorio del CONICET y en 2011 volví a casa”.

“-Acá vivo con mis padres que ya son mayores y administro el campo con mi hermano. Somos la tercera generación de ganaderos”, explica la veterinaria. En lo de los Ezquiaga cada potrero tiene su particularidad y demanda un manejo artesanal: “-Algunos son más bajos, otros más salitrosos y en otros tenemos problemas con los vecinos, debido a los alambrados en mal estado. A eso hay que sumarle los desafíos de llevar adelante una empresa familiar…”, se ríe.

“-Mi jornada en el campo consiste en recorrer, realizar trabajos de manga y chequear el consumo de la tropa. Además, doy clases de Biología en un secundarios local y de Producción Agropecuaria en un terciario… y tengo un programa semanal relacionado con el agro”, cuenta Teresita y añade: “-prácticamente no me dedico al asesoramiento veterinario porque los productores de la zona suelen hacer sus propios diagnósticos y en general se dan maña para atender partos y complicaciones menores”.

“-Este año no sembramos: estamos usando los potreros que cerramos a fin de primavera. Además, atrasamos el destete. Eso es lo que nos salva de la sequía en este momento… De a poco, vamos recuperando algunas pasturas que se habían degradado con el tiempo”, cuenta pausadamente Teresita y como en un homenaje a su padre y a su abuelo, concluye: “me gusta mi campo, mis vacas y las pequeñas cosas de todos los días…”

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